Flash Party

septiembre 6, 2008 at 10:31 pm Deja un comentario

‘Flash Gordon’ (1980). Mike Hodges

Todo un icono para una generación de ociosos espectadores, este cutre-film sirve de bienvenida y presentación a lo que nos depararían los juveniles años ochenta (‘los gloriosos ochenta’, que diría un crítico). Por aquel entonces, con la explosión de fantasía y dólares detonada por George Lucas con su ‘Star Wars’, ‘Flash Gordon’ podría haber significado la jubilación dorada para su dueño, sin embargo, se quedó en un amargo trance para Dino de Laurentiis. Se equivocó de época: quizá las cosas hubiesen sido distintas si ese proyecto se hubiera materializado en este final de década, cuando la fiebre de la adaptación del cómic está en su punto álgido y los bodrios pueden disimularse con grandes efectos especiales. Veremos si es así en la nueva versión que se avecina.

Sin nocturnidad ni alevosía, esta obra se incluye en la Primera División del freak cinema: vestuario y ambientación que simulan un homenaje a las compañías de teatro ambulantes o a las primeras películas mudas; diálogos que parecen escritos para una telenovela ecuatoriana; un argumento más simple que las instrucciones para hacer un Nescafé. Todo ello rematado con unos personajes que elevan la película al Olimpo iconoclasta y pop de muchas generaciones junto a ejemplos como ‘Rocky Horror Picture Show’: el típico rubio musculado (Sam J. Jones), surgido de la misma probeta que Dolph Lundgren, que posee cuatro oraciones completas (sujeto, verbo y predicado), en el papel de Flash Gordon; Melody Anderson, actriz destinada a enseñar el muslamen y coronar a su personaje con una lucha femenina, no en el barro, sino entre las suaves y cuidadas sábanas de una cama imperial junto a Ornella Muti; Max Von Sydow, excelente actor que en esta cinta parece homenajear a Fu Manchú en el papel del Emperador Ming (y si no, que me lo expliquen); Timothy Dalton haciendo del señor Dalton.

‘Flash Gordon’ nos hace saltar a un eterno y a veces absurdo debate sobre determinadas películas. ‘¿Esto se ha hecho a propósito?’, preguntan unos. Otros intentan darle alguna justificación analizando la influencia del cómic, escudriñando al público al que va destinada, etc. Todo es inútil (pero divertido, he de reconocer). Jamás averiguaremos las intenciones ni las razones de los éxitos o fracasos, así que pringuémonos en el universo Flash con naturalidad y alegría, sin olvidarnos del último elemento destacable para su inmortalidad: los dos grandes temas compuestos para la película por el mítico grupo Queen.

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‘Zombies Party’ (2004). Edgar Wright

Desternillante y genial parodia del género zombi que con un suave e irónico sentido del humor británico nos proporciona una interesante vuelta de tuerca sobre los terrores del siglo XXI. Una nueva visión de lo que parece la tendencia dominante del cine anglosajón: el apocalipsis vírico. ’28 semanas después’, ‘Dommsday’, ‘Soy leyenda’ e incluso la española Rec’ son ejemplos de que una nueva visión del mundo ha comenzado. Después de la amenaza nuclear y el marxismo-leninismo, los grandes miedos son ahora la manipulación genética y las armas bacteriológicas. Quizá por eso, como contrapunto necesario, estamos invadidos con las adaptaciones de héroes de cómic, porque también necesitamos creer en la esperanza.

La británica ‘Zombies Party’ (cuyo título original es ‘Shaun– nombre del protagonista- of the Dead’, parodia fónica del por entonces esperado film que supuso el retorno del veterano George A. Romero, la insulsa ‘Dawn of the Dead’) da una vuelta de tuerca al género y se aleja del típico homenaje paródico (v.g. Planet Terror’) y de la comedia de sal gorda y gags absurdos hasta rozar el dadaísmo a los que nos tiene acostumbrados el género de parodia norteamericano, para hacernos el retrato de la juventud del G-8 en clave de humor que recuerda a la serie de televisión ‘Los Simpson’. Supone un mensaje de autoafirmación, un apoyo a salir del armario y gritar ¡quiero ser Homer Simpson!, que cualquier posadolescente debidamente tecnologizado apoyaría para contrarrestar las exigencias de la novia que años atrás lo abandonó. En definitiva, ¿quién es el zombi?.

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